El origen de nuestro nombre

Echeide o Echeyde es el nombre que daban los aborígenes guanches al Teide. El hecho de llamar Timbres de Echeyde a este aviario viene dado por los orígenes de los primeros ejemplares de canarios timbrados que adquirimos en el Puerto de la Cruz, Tenerife, y que fueron los pioneros de esta increíble y emocionante aventura: Jordi (El Noble), Speedy (El General), Pepa (La Encontrada), Silvestre (El Mago) y Lady Red (La Dulce).»

José Mª Zapata Martínez
«Padre Teide» (Eheyde) 3.718 m – Tenerife


Reflexión de criador

Habrá en el mundo miles formas de contemplar el milagro de la vida. Cómo los seres humanos nos enternecemos al observar como unos pequeños animales, sin formación alguna, pero con la impronta en sus genes de preservar su especie, luchan y persisten en su tarea de procreación sin hacer ningún daño a su entorno, mientras nosotros nos empeñamos en explotar y destruir los recursos de nuestro propio hábitat. Aun así, nos sentimos inteligentes, poderosos y magníficos. Pobres tontos somos, quizás debiéramos aprender de esos diminutos seres que, sin enseñanza previa, saben su cometido en la vida: crecer y procrear para su propia preservación. Cuanto he aprendido de ellos y cuanto se lo agradezco. Por ellos he aprendido a luchar por ese maravilloso regalo que es la vida, simple pero complejo a la vez. Y es por eso por lo que contemplando como vienen al mundo, como crecen y como nos deleitan con su belleza, sus cantos y compañía, creo ser mejor persona, e intento respetar y preservar nuestro hábitat y ayudar a mis «Plumillos» para que, con su presencia, sigan enseñando el secreto de la vida a más seres humanos que quieran compartir la vida con ellos. Gracias por existir, mis niños…»

José Mª Zapata Martínez

Sobre estos años de afición.

Mi «Pepa», primera hembra Canario Timbrada del Aviario (Puerto Cruz-Tenerife)

Hoy, reflexionando sobre lo que me ha aportado esta afición, me siento feliz y agradecido a la vida por, sin quererlo, haber puesto ante mí la oportunidad de descubrir un mundo, que, aunque no era nuevo para mí, si que ha hecho cambiar mi forma de ver la vida. Me ha hecho conocerla desde una perspectiva diferente y me ha dado la oportunidad de conocer y convivir con muchas personas que de otro modo nunca hubiera conocido.
Es de ellas de las que quiero hacer esta reflexión.
Mi vida, como creo que la de todos, ha sido un seguimiento continuo de nuevas experiencias, nuevos sentimientos, un continuo buscar nuevas vivencias que aporten algo positivo a mi vida. En ese camino, he aprendido de todo en lo que me he involucrado, que no ha sido poco. He puesto final, y a veces punto y aparte, a otras tantas porque así creo que ha de ser la vida, o por la menos la mía así ha sido. Nunca me he sentido bien encasillado en una sola afición, grupo o dedicación. Lo que sí he intentado, en todo lo que me he involucrado, es en dedicarme al cien por cien a ello, aprender todo, lo máximo posible, y entregarme integro a ello. Coleccionar miles y miles de experiencias y atesorar dentro de mí los máximos conocimientos posibles. Y algo de lo más positivo que conservo de todo en lo que he participado y en lo que me he involucrado, ya sean aficiones, gustos, grupos, asociaciones y demás, han sido las personas. Todos aquellos a los que he podido conocer, todos aquellos que me aportaron algo y yo pude aportarles a ellos. Las verdaderas amistades, amigos y hermanos que he atesorado durante este medio centenar de años que me ha permitido la vida disfrutar. Eso es lo que más agradezco a la vida y todo lo que me ha puesto delante, ese ramillete de personas con las que he compartido vivencias, experiencias, los mejores momentos de mi vida, amistad, felicidad y sabiduría. De alguna manera, a ellos les debo lo que soy, pues desarrollarse como persona, no es algo puramente innato, si no que te vas forjando aprendiendo de los demás, quedándote con lo bueno y protegiéndote de lo malo. Es en ellas, las buenas y malas personas que he conocido, pues de las malas también he aprendido, en las que me he apoyado para bregar con esta difícil tarea que es vivir y hacerlo de la forma más justa, humana y honrada que podido.
En el mundo de esta afición, la Ornitología, hay tanto que aprender que no puedes pensar nunca en que has llegado al sumun, pues te estarías engañando. Y como en todo en la vida, hay quien es propenso en compartir sus experiencias, como quien esconde y guarda para sí todas sus experiencias sin compartirlas. Es inevitable, aunque no diría que lógico, pues bajo mi humilde punto de vista, compartir es engrandecerte. Engrandecerte en todo, como aficionado a lo que sea y como ser humano. El reconocimiento a tu trabajo no ha de basarse en tus logros tan solo, en los premios o puestos que han ocupado tus ejemplares, si no en ese rastro tan humano que dejas cuando agradecen tus aportaciones, métodos o ayudas que has proporcionado a los demás para corregir errores, combatir enfermedades o para engrandecer sus conocimientos. Conocimientos y métodos que repercuten directamente en esos seres que crías y preparas, pues no debemos olvidar jamás que son seres vivos y debemos velar por su bienestar sobre todas las cosas. Es por eso por lo que ante la cuestión deberíamos pensar no solo en nosotros, sino en los demás, para proteger así a esos pequeños seres que solo con estar a nuestro lado y brindarnos su presencia, merecen toda nuestra atención y protección, pensar en los nuestros y en los de los demás.
Por suerte hay muy buena gente en esta afición. Gente muy humana, muy amiga de compartir y que antepone ese amor que tienen a los animales a los premios o ganancias económicas que se puedan obtener con ellos. Los hay, que comparten mis principios y mi forma de actuar, y yo he tenido la suerte de conocer a muchos, y cada día que me reúno con algunos de ellos, aparece uno más, otra persona digna, otro buen aficionado que no duda en compartir toda su experiencia y demuestra el amor incondicional por los pájaros y las ganas de aprender cada día.
Doy gracias a quien, sin quererlo, me introdujo en este apasionante mundo y gracias a ello, me brindó la oportunidad de amar más si cabe, a esos pequeños compañeros que te dan tantas satisfacciones, te hacen comprender la vida y no te piden nada más que amor y cuidados. Me refiero a mis queridos “Plumillos”, esos que me dan todo su cariño y me acompañan cada día, y espero que por muchos años. Yo así intentaré darles todo lo que precisan, pero ante todo mi respeto, cariño y el compromiso incondicional de cuidarlos y protegerlos, ante todo, de todo mal. Así como también, agradezco a la vida el haberme permitido conocer a tantos y tantos amigos que, como yo, viven esta afición como una forma diferente de vida. Y a aquellos que me han demostrado su cariño en estos últimos tiempos.
Gracias.
Mi puntual agradecimiento a la tierra de Tenerife, a mi hermosa y querida familia Tinerfeña y en especial mención a mi querido, amado y añorado hermano Ángel Luís, por todo el apoyo y cariño recibido desde siempre y para siempre.

Martes, 22 Agosto, 2017

José Mª Zapata Martínez